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Los celos desde una aproximación psicoanalítica

En repetidas ocasiones podemos escuchar la expectativa de que "el enamorado, pida exclusividad" y, es menos extraordinario, cuando ese otro al que amamos prodiga su tiempo, su atención, su cuidado, su cariño a otro. Es ahí cuando nos toma por sorpresa la aparición de un sentimiento por demás doloroso: los celos.

Sin embargo, es preciso subrayar que estos no aparecen solos ya que se les suman otros sentimientos como la tristeza, la sensación de estar siendo abandonados por el otro, dudas sobre que tan fiel está siendo el otro, la herida narcisista de no ser suficiente, la incertidumbre y hasta el odio por ese otro que nos arrebata lo que consideramos nuestro... Todas estas emociones citas como ejemplo acompañan a los celos, pueden ir y venir en mayor o menor intensidad, ser estas o estar acompañadas de muchas más, que al ser tan intensas, remueven a los celos del lugar central.

En otras palabras, la sensación de pérdida y el abandono, pueden encerrar angustias tan fuertes y terminar por ser más poderosas que terminen por eclipsar a los celos, fragilizando al sujeto que las experimenta a tal punto que se puede confundir con depresión sin dar cuenta de la verdadera emoción que subyace en el cuadro.

Entonces ¿De dónde surge una emoción que puede ser tan dolorosa? ¿Cómo se articula esta experiencia en la vida de los seres humanos? ¿Es sólo un tema de pareja? ¿Cuáles son las condiciones para verdaderamente hablar de celos?

Nuestro primeros amores, para todos, son nuestros padres. A muy temprana edad, el sentimiento inicial de un recién nacido, es ser uno con la madre; posteriormente, se va transformando de forma gradual en un impulso de posesión amoroso en donde la considera de su propiedad al tiempo que, a nivel de una certeza, se siente el único en el corazón y en el pensamiento de la madre. Ante este contexto, llegar a descubrir que hay otro y, más aún, que es motivo de interés para la madre, resulta intolerable. En este contexto, la infancia, los celos imponen un drama enorme para intentar solucionar una pasión que nos sobrepasa, puesto que aún no tenemos todos los recursos - físicos, cognitivos, de uso de la palabra y, sobre todo, emocionales - para resolver un conflicto así.

¿Cómo hacerle frente a la ambivalencia hacia la madre que "traiciona" esa exclusividad fantaseada? ¿Cómo alcanzar a nombrar y no actuar el odio que despierta el rival recién llegado?

En la infancia, los celos entre hermanos son universales; sin embargo, las soluciones radicales de la omnipotencia infantil, son un lujo que en la vida adulta resulta inoperante. De esta forma, nos vemos forzados a emprender una serie de movimientos, que correrán mejor o peor suerte, dependiendo en gran medida de la respuesta de la madre, de que tanto soporte afectivo brinde para "amortiguar" el desplazamiento que se sufre. Así, paulatinamente, se va construyendo el destino de las futuras relaciones ya que estos primeros embates dejan una huella profunda, la cual, puede ser rastreada en el fondo de los fracasos en los primeros noviazgos de la adolescencia o, incluso, de la vida adulta en la dificultad para establecer vínculos más sanos, es decir, el lograr hacer pareja sin que los residuos de las mociones agresivas hacia el rival persistan.

Más adelante en el desarrollo, al entrar en la fase edípica, la configuración de este esquema es mucho más compleja. Los celos juegan un papel crucial en la estructuración del psiquismo, de la mente, de los seres humanos. Se dan en juego con la rivalidad del niño con la madre por el amor del padre y, a la vez, en una rivalidad con el padre por el amor de la madre. Puede suceder que también, alguno de los padres experimente celos hacia el niño si, en la interacción cotidiana, termina leyendo que le roba la atención de la pareja o si ambos padres forcejean por conseguir ser los predilectos del niño - situación que sería la más grave para el desarrollo de este último -.

Este escenario, considera básicamente una triada, es decir a tres personajes involucrados. Es aquí donde podemos ver nítidamente el drama que encierra el triangular las relaciones a partir de los celos para todos los involucrados. El celoso, el celado y el rival pueden intercambiar las posiciones dependiendo cómo se desarrolle la dinámica.

En el primero, el celoso, impera un sentimiento de exclusión que detona un cúmulo de emociones, todas, sumamente dolorosas como por ejemplo: la sensación de abandono, la angustia a la separación, sentimientos de devaluación, la rabia narcisista o una duda pertinaz. Acompañándose de acusaciones sobre una infidelidad o de constante sospecha que lo llevan a buscar ejercer un control sobre situaciones o sobre el otro que es celado.

Para este último, el celado, las constancias recriminaciones, dudas, reproches injustos, puede despertar una gran monto de angustia, enojo, frustración, la búsqueda de complacer excesivamente por la necesidad de justificarse, sentimientos de persecución, dudas sobre sí mismo y, paradójicamente, puede verse empujado inconscientemente a llevar a cabo la infidelidad.

Esto puede suscitarse así, debido a las mociones inconscientes del celoso y el celado pueden ligarse, ocasionando que la acusación se convierta en realidad. Este movimiento inconsciente puede provocar el mal entendido de verse como una "orden" o una " invitación" a la infidelidad que se liga al deseo inconsciente de hacerlo. Lo que empezó como sospecha y se aderezó con las fantasías del celoso, termina como una realización del celado que cumple la profecía. Esta escena podría tener jugada una defensa maniaca por parte del celoso, en donde la devaluación, triunfo y la omnipotencia intentan ser un paliativo de las emociones más devastadoras, pudiendo ilustrarse por ejemplo en frases como:<< ¡Lo sabía! >>, << ¡No me pudiste engañar! >>, << ¡Siempre supe que no valías, que eras así! >>.

Por otro lado, el rival, el tercero en el triángulo amoroso, puede estar ajeno por completo al rol que le asignan al interior de una pareja, aunque estamos acostumbrados a leerlo como que es el que estorba a la relación; sin embargo, también puede erotizar o encenderla. Este personaje pude ser ese otro a quien se lee como amante, pero también puede ser la madre, una amiga, un hermano, un superior en el trabajo de quien es celado. Puede ser un personaje que guste de provocar celos y por ello inicie el conflicto al amenazar al celoso o también porque inconscientemente le lleva la súplica de su erotismo al ser él su verdadero destinatario. Por ello, en ocasiones, la fricción, la rivalidad y hasta la atracción por el adversario puede cobrar un papel más importante que la pérdida del objeto de amor, pero que por la magnitud de los afectos jugados, no es aprehensible a primera vista.

Para resolver este conflicto, lo importante es la intervención individual de los miembros de la pareja afectada, es decir, que en un análisis personal - no de pareja - puedan develar las mociones que los atrapan en dicho drama. Además, es crucial para poder diferenciar los celos de la rivalidad o de la envidia, ya que como se ha expuesto, pueden encubrirse con muchas otras emociones que por su magnitud los eclipsan. Así mismo, un tratamiento individual permitirá el hacerlos conscientes en toda su magnitud para que no terminen reprimiéndose o negándose.

En un análisis personal, individual no de pareja, es indispensable conforme el tratamiento avanza develar y diferenciar la parte consciente de la inconsciente, que es realidad material y cuál es realidad psíquica en donde la fantasía puede cobrar un papel crucial ya que, puesta al servicio del análisis, es donde se hallarán los elementos que den razón de este tipo de ligazón en una relación de pareja.

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