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De Pérdidas

Al presenciar una escena en una cafetería entre dos adolescentes, gracias a lo estridente de su charla, no dejaron lugar a dudas sobre la inminente "tormenta afectiva" que se avecinaba, igual que como en se vino la tormenta de ayer sobre el DF. Ese repentino "obscurecer" y un par de fragmentos discursivos de unos analizantes, me permitieron empezar a reflexionar sobre cómo en un instante la vida te cambia y tenemos que enfrentar una pérdida.

Y ante este tipo de situaciones ¿Cómo enfrentan ustedes sus pérdidas? Creo que era María Felix, la que decía algo así como: "A un hombre se le llora tres días y al cuarto te pones tacones y ropa nueva". Otros pueden optar por dolerse y, paulatinamente, iniciar ese recorrido no excepto de dolor que es el proceso de duelo para reapropiarse de sus afectos; sin embargo, puede haber otros que se estanquen en ese su padecer...

Es común hoy en día, debido a las actividades diarias o el ritmo de trabajo, que destinemos poco tiempo para nosotros mismos; incluso, en el ejercicio clínico, se escucha frecuentemente la dificultad que algunos sujetos encuentran en su cotidianidad para hablar con otro ser, más allá de las exigencias de sus actividades laborales o académicas.

Da la sensación que, a través de esos fragmentos discursivos de los analizantes, estuvieran describiendo paisajes obscuros, desolados donde se refuerza la idea de ese vacío en el vivir y la ausencia de vínculos que los nutran.

Además, el tiempo que nos está tocando vivir, enfatiza la búsqueda de soluciones médicas que terminan por dejar de lado y sin examinar, la vida interior de cada doliente. Así, en lugar de buscar una alternativa que sea preservando el caso por caso, se refuerzan las ideas que pretenden una masificación del síntoma, buscando eliminar el "problema" sin comprenderlo.

De esta forma, los sujetos terminan por ser despojados de la complejidad de la vida inconsciente. Como en otro texto trataba de hacer énfasis, no siempre es fácil reconocer lo que experimentamos en cuestión de nuestros afectos; en particular, cuando se ven entrelazados con historias que involucran las experiencias de separación y pérdida.
Los analizantes pueden tener claro los eventos que han atravesado y que marcaron una diferencia en su desarrollo, por ejemplo, estar conscientes que en los primeros años de vida su madre no estuvo presente debido a que falleció; pero no siempre alcanzan a dimensionar la forma y el alcance en que dicha vivencia pudo impregnar el resto de su vida e, incluso, como hasta la vida adulta se sigue viendo matizada por un evento traumático de la niñez.

Así mismo, no se realiza una diferencia puntual entre lo que sería la Depresión y la Melancolía; parecería que se les engloba en una misma esfera: la depresión. Fue desde 1917 que, Freud en Duelo y Melancolía, se enfoca a compararlas en búsqueda de su puntual diferenciación. En este texto, el plantea que pese a ser manifestaciones muy similares, el duelo es una situación pasajera, tras la cual se restablece el dominio del yo, mientras que en la melancolía existe una degradación del yo.

Aunque se escuche de pronto un tanto extraño, el duelo es hasta una experiencia normal en la vida ¿Quién no ha atravesado por la ruptura de relación importante, la cual, nos lleva a perder a un amor? A muchos, nos ha tocado también atravesar por el fallecimiento de un familiar o el que una amistad se disuelva en el tiempo o tener que renunciar a un ideal y todo esto, está bien, es parte de la vida aunque no nos sea grato pasar por afectos dolorosos.

Por otro lado, la melancolía sí supone según Freud (1917), "[...] una disposición enfermiza" puesto que remite a la cancelación del interés del sujeto por el mundo exterior, nada importa más que su dolor, la capacidad de amar queda por completo eclipsada al grado de perderlas, deja de ser productivo y cae en una autodegradación.

Algunos, si es que me llegan a leer y a acompañar -que espero que sí- en estas reflexiones que me ayudan a mantenerme cerca de mi pasión, el Psicoanálisis, me dirán y no sin razón: "¡Vamos! Eso que describes también la depresión lo tiene" Y sí, quizás se pueden presentar todos, excepto la autodegradación.

El duelo, si bien una experiencia dolorosa y paralizante en algunos sentidos, puede explicarse, y por medio de un psicoanálisis, hallar sus verdaderas causas y buscar la elaboración de cada una de las escenas que lo fueron integrando, para lograr superarlo y no sólo terminar por suponer que, "como solos podemos" con una "intervención cosmética" es suficiente. Freud, veía en el duelo un trabajo individual, pese a que en lo social también encuentre un lugar a través de los rituales públicos de duelo, por ejemplo, funerales.

De forma más explícita, en el duelo el objeto amado (padres que fallecen, amigos que se van, pareja que se pierde, etc), ya no está. Y comenzará el largo y paulatino proceso en que el sujeto comienza a retirar los lazos afectivos que lo unían con él, puede demorar, el tiempo que cada individuo necesite, pero lo normal es que se restablezca la normalidad en sus actividades y en su vida.

Sin embargo, en la melancolía, que puede presentarse por los mismos tipos de eventos, en donde se pierde a un objeto amado (sea este una pareja, amigos, padres, ideales, etc), va acompañada de un empobrecimiento del yo. En el duelo, de forma temporal el mundo se vuelve pobre y vacío; mientras que, en la melancolía, es como terminar empantanándose en un punto donde es el yo del sujeto el que se empobreció.
Esta insistencia en revestirse de insignificancia, el insomnio, el rechazo a alimentarse, pueden mostrarnos cómo la Pulsión de Vida desfallece también. Además, se compañía de autoreproches con el objeto de amor que al verse impedido para depositarlos en él, se los deposita al yo al que se odia y se insulta; y por paradójico que suene, ese maltrato, es un instrumento de venganza contra el objeto originario de la perturbación afectiva que al degradarse a sí mismo, le despierta placer.

Una forma de distinguir el duelo de la melancolía es que, en el primero por ejemplo, lloramos a los muertos; mientras que en la segunda, nos morimos con ellos...

El tema es mucha más complejo y permitiría seguir escribiendo al respecto, pero por lo menos se ha dado una visión general de lo que estas dos configuraciones son y el costo emocional que a un sujeto que representará enfrentar para poder elaborar su duelo, pero de forma más sana.

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