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La Familia

La familia, su papel en la repetición transferencial.

La experiencia clínica en un análisis, lleva al analista a preguntarse sobre las diferentes aristas que deben ser contempladas para poder comprender un síntoma en el paciente; las cuales, para darles un cabal seguimiento, no se bastan con deconstruir la trama que el sujeto aporta sesión a sesión; sino que los eslabones faltantes pueden bien rastrearse en las pautas que le preceden y, a la que a su vez, pertenece al estar inserta en ellos, ya que permite seguir las líneas de la repetición que atraviesa generación a generación.

Son diversos autores los que han dedicado exhaustivas indagaciones sobre cómo la familia tiene un gran impacto en la subjetividad del niño, logrando destacarse la patología de los padres, la transmisión transgeneracional de cierto tipo de “mandantos”, la más de las veces inconscientes, y los procesos identificatorios, logrando así, crear el marco necesario para la repetición de sucesos que dan cuenta de los síntomas que el analizante desplegará también en la transferencia con el analista.

Freud (1910)[1], casi al final de su análisis sobre Leonardo, se interrogaba de la siguiente manera:

“[…] ¿No cabe escandalizarse por los resultados de una investigación que concede a las contingencias de la constelación familiar un influjo tan decisivo sobre el destino del hombre?”

Así, no sólo el interés sino también la preocupación sobre la forma en que estas fuerzas obran sobre el destino de los individuos, grabando profundamente ciertos elementos en su inconsciente y pasando, como un legado ese mismo mandato a través de las generaciones de tal forma que no es viable encubrir los acontecimientos psíquicos que las generaron.

De esta forma, sesión a sesión se trabaja, en la medida de los posible y al acorde al ritmo del analizante, para ir integrando estos elementos de la repetición que, en dicho contexto, no sólo se reducen a la expresión de la pulsión de muerte, sino que es necesario también leerla como las pistas que, sigilosamente, dejan un rastro que nos puede guiar en el proceso de develar las fantasía inconsciente, facultando el poder proponer una reconstrucción.

Freud (1914)[2], también propuso que el infante se constituye en función del otro, por lo que se encuentra inserto y sujeto a una cadena genealógica. El aforismo que en el texto podemos hallar: <<HisMajestytheBaby>>, es investido libidinalmente para que pueda cumplir con los ideales, los proyectos no realizados, los sueños, las ambiciones de los padres. A esta cadena filial, el bebé está sujeto desde antes de su nacimiento

Con esto, el sujeto aparece, por una parte <<para sí mismo su propio fin>> y, por el otro, siendo miembro de una cadena a la que está ligado dese antes de su existencia como individuo. Así, se establece esa doble cadena, a saber, la de las generaciones y la de sus contemporáneos.

Por otro lado, fue Lacan (1977)[3], termina sosteniendo que la familia constituye la fuente principal de influencias a las que el niño está sometido y, a la vez, cobra un papel fundamental en la transmisión cultural. Así mismo, sostiene que de ello se desprenden funciones esenciales, tales como, la educación del sujeto, la represión de los instintos y la adquisición de la lengua materna.

Con lo anterior, podemos decir que para el psicoanálisis, la familia constituye un lugar donde se crea un lazo y se establece un discurso, atravesados no sólo por el lazo sanguíneo, es decir el parentesco biológico, sino por un vínculo social.

Por lo tanto, es importante darle un lugar a los contenidos que alberga la familia, es decir a los mitos familiares, los cuales, bien pueden ser una representación mítica de la idea que tienen sobre cómo es una familia ideal. Todos estos mitos están constituidos por la propia historia y el recubrimiento que a esta le fabrican las creencias y fantasías inconscientes compartidas.

Estas últimas, por lo general, se van trasmitiendo de generación en generación. Suelen tener una función estructurante, es decir que contribuyen a la cohesión familiar, a su equilibrio psíquico, refuerza su identidad y permiten que los miembros sientan una pertenencia a ese linaje; también hay una asignación de roles y funciones para cada miembro.

Lo último, no forzosamente es algo que se verbaliza entre los miembros, sino que a través de la convivencia diaria se van estableciendo, por ejemplo, a través del establecimiento de reglas, prohibiciones, funciones, que marcan la diferencia entre los sexos y las generaciones.

Ahora bien, de forma ideal se transmite todo lo que garantiza la estabilidad y la continuidad, el mantenimiento de los vínculos intersubjetivos y la forma de conservar esa vida. Sin embargo, no siempre las condiciones son favorables y esto puede causar una serie de perturbaciones en el grupo familiar o en algún miembro en particular.

Así, podemos nacer con un lugar asignado y una herencia genética, vincular, emocional, de lealtades ya pactadas, provenientes de la unión de dos familias. Hay un historia previa, que permitirá al sujeto ser heredero con la facultad de crear nuevos proyectos, independientes y hasta distintos o, simplemente se descubrirá preso de esos contenidos que terminan repitiendo y, con ello, perpetuando situaciones traumáticas.
Dicha transmisión que pasa de generación en generación, albergándose muchas veces en la parte muda de esa estructura familiar y, no por ello menos presente, transmite la lectura del mundo representacional de los individuos de una generación a otra. Así, se repiten las esencias de la vida psíquica, los modelos de vínculos, los patrones relacionales, las patologías parentales y la formación de otras, que podrán comprenderse mejor a través de la deconstrucción de estos fragmentos de historia del pasado del paciente que se pone en escena por medio de la transferencia.

El concepto freudiano de la <<Compulsión a la repetición>>, hace referencia al mundo intrapsíquico. No obstante, para Losso (1990)[4], la repetición transgeneracional, remite a la repetición de fenómenos relacionados con situaciones traumáticas que no pudieron ser elaboradas por las generaciones anteriores y, en la cual, está comprometido más de un sujeto en ellas.

Es importante señalar, que no se hace referencia a una especie de “copia al carbón” de una situación, es decir que sea una repetición idéntica de una escena hipercatectizada, sino que detalles más o menos, con la inclusión de elementos nuevos, bien se podría hablar de un intento fallido en la elaboración que le depara un costo afectivo tremendo al último eslabón de esta cadena generacional.

Si bien, todas las familias son “locas” a su modo, es importante conocer a través de iniciar un análisis personal, los patrones que encierran para no terminar presas de un pasado que no nos toca ahora resolver y poder construir un proyecto de vida libre, pero sobre todo, propio.



[1] Freud S. (1910). Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci. Buenos Aires: Amorrotu.
[2] Freud, S. (1914). Introducción al narcisismo. Buenos Aires: Amorrortu.
[3] Lacan, J. (1977). La familia. Buenos Aires: Homo Sapiens.
[4]LOSSO, R. (1990). La Teoría psicoanalítica y el psicoanálisis familiar. Rev. de Psicoanálisis,47: n. 5-6. Traducción italiana: La teoriapsicoanalitica e la psicoanalisidellafamiglia. Psicoterapia psicoanalitica,anno III, num. 1, 1996, p. 21.

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