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Las historias se repiten ¿Tropiezas con la misma piedra?

<<Si no quieres repetir tu pasado, estúdialo...>>
Baruch Benedict Spinoza

¿Cuántas veces no nos preguntamos qué sucede, por ejemplo, con nuestras historias de amor que se truncan una y otra vez? ¿Qué sucede con el trabajo cuando cada vez que aspiramos a continuar, terminamos por no ser constantes? ¿Por qué el desenlace siempre es el mismo? ¿Por qué hilvanamos desilusiones y fracasos? ¿Por qué nuestras caídas se parece tanto entre sí? ¿Qué sucede que repetimos historias tan parecidas?

Ocurre que estamos atrapados en la repetición, una y otra vez, de los mismos desenlaces de todo aquello que en el inconsciente ha dejado una marca, que por decirlo de alguna manera, se empeña en reproducir aquel evento traumático que en su momento no fuimos capaces de “digerir” y ponerlo en palabras para poderlo simbolizar. Sólo fuimos presas de un impacto de tal magnitud que no pudimos sortearlo de otra forma y trajo como consecuencia la formación de un síntoma.

Lacan, sostenía que estamos presos de un “automatismo de repetición”, empantanados en una serie de conductas que muestran nuestros síntomas, una y otra vez, sin que los podamos pensar. Es como actuar en “automático” la misma secuencia que nos conduce a sufrir, de la cual, sólo damos cuenta a posteriori, es decir cuando ya sucedió y no pudimos frenarla de ninguna forma.

Así, estamos sometidos a esa fuerza de nuestro inconsciente que nos lleva, sin darnos cuenta, a reproducir un mismo tipo de forma de amar, un mismo tipo de elección de pareja, un mismo tipo de ruptura, de separación, de fracaso, de truncar los proyectos, los cuales detalles más o menos, dan cuenta de una misma historia que entre líneas lleva un dolor que no ha sido reconocido para poder ser nombrado y que jalonea nuestra vida afectiva.

¿Por qué es importante reconocer y nombrar a lo largo de un tratamiento psicoanalítico cada una de esas escenas que encierran estas historias plagadas de repetición?

Porque es el camino para reconstruir lo que sucedió en un tiempo cuando, como se dijo anteriormente, el sujeto no fue capaz de procesarlo de un modo más sano. A través de esta reconstrucción es como el paciente estará, a su tiempo, en condiciones de otorgarle una significación a sus síntomas.

Todo trastorno que no alcanzar a ser nombrado, en donde no se busca eso que nos quiere decir del sujeto que lo padece, el porqué ha sido necesario, retornará siempre en sus actos; incluso, pese a que resulte extraño para aquellos lectores no familiarizados con el psicoanálisis, es indispensable preguntarnos sobre la forma en que dicho padecimiento da solución (pese a que sea afectivamente muy costosa), a un problema en la historia de vida del paciente.

Por paradójico que suene, el síntoma, el cual es reconocido conscientemente por el paciente (por ejemplo: elegir siempre a parejas controladoras), pese a los líos que nos pueda causar está dando, de forma equívoca la solución a un problema que no alcanzamos a enlazar de primera mano con él, es decir que el evento(s) que causaron una marca en el psiquismo permiten la repetición de aquella misma emoción que ahora es inconsciente para él.

Para ser más precisos, la emoción experimentada en el síntoma de forma consciente, repite una y otra vez, la añeja emoción de lo que en su momento no fue posible procesar de otra forma, que está presente de forma inconsciente y, a través del síntoma da cuenta de un traumatismo que fue reprimido, el cual, para ser elaborado requerirá de ser enlazado y darle significación.

En ocasiones, al ser niños o adolescentes, experimentamos eventos que para el psiquismo resultan ser demasiado violentos como para ser tramitados por un yo inmaduro. Por ello, es importante que en un análisis podamos explicarnos el dolor que experimentamos hoy a través de el reconocimiento del retorno del desgarro afectivo que sucedió en algún momento de la vida, dándole así una significación como se dijo, pero también permitiendo así conocer en su justa dimensión lo que no provocó crear esos síntomas y saber entonces qué hacer con ellos.

El pasado, si luchamos por “sepultarlo”, lo único que conseguiremos es que veamos los efectos, los síntomas, reactualizarse en el presente. El trabajo que es necesario hacer para liberarnos de eso que nos sale al paso en la repetición es, dentro de un análisis, reconocer lo que nos ha marcado.

Uno como analista, trabaja observando ese pasado en búsqueda de los fragmentos en el discurso del paciente, esos jirones de tela que quedan ahora del tramado de historia que da cuenta del trastorno que afecta hoy al paciente y, a la vez, se observan los signos para recrear en su imaginario las escenas que conforman esos sus síntomas. Todos estos elementos serán indispensables para acompañar al paciente en la nueva construcción que hará de su historia.

Todos estos elementos, mezclados y reactualizados en la repetición y la transferencia, vuelven a poner el dedo en la yaga, que insiste en lo que Lacan puntualizó sobre el amor: “Amar es dar lo que no se tiene a quien no es”.
Pese a que se nos quedan en el tintero un par de temas, que bien valdría que tuviera su espacio propio, eso tendrá que ser en otra entrega...



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