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Los avatares de la vida en pareja

<<Encontrar el objeto sexual es siempre reencontrarlo...>>
Laplanche

Hoy en día, quizás de forma indiscutible, se presentan con mayor frecuencia las crisis dentro de una pareja, en donde cada desencuentro puede irse escalando y ser llevado en un espectro que bien puede ir desde la amenaza de ruptura hasta el término de una relación. En este punto, es posible escuchar historias empapadas de tal balumba de afectos, recuerdos, representaciones que se agolpan al tratar de alcanzar las palabras; convirtiéndose para el sujeto en el punto de urgencia el lograr desprenderse de aquello intolerable pero sin pretender darse tiempo para pensarlo, para nombrarlo y empezar a entender el porqué de esa imposibilidad en su relación.

Además de esto, muchas de las parejas se estancan en buscar todo tipo de argumentos para probar que no tuvieron la "culpa" de que su relación esté naufragando, o bien, en un gran esfuerzo para sacudírsela. Sin embargo, lo que olvidan es que la relación de pareja no se trata de culpas, sino de permitirnos entender la responsabilidad que cada uno de los participantes tiene involucrada.

¿Cuántas relaciones de pareja después de un tiempo tienen problemas porque desde el principio no se permitieron hablar, reconocer lo que no les gusta del otro y pactar para llegar a un acuerdo? ¿No crees que muchas veces podemos hacer al otro la respuesta que nos "solucionaría" ciertos aspectos de la vida (emocional, económico, no quedarnos solos, etc)? Y quizás la pregunta de fondo bien podría ser ¿Por qué queremos hacer al otro el responsable de satisfacer la demanda afectiva? ¿No crees que uno mismo debería ser responsable no sólo de sus propias elecciones, sino de sus demandas?

De quedarnos empantanados en la "culpa", en la búsqueda de comprobaciones para hacerle entender al otro lo que uno "necesita" y, sobre todo hacerle entender que es el "encargado" de cumplirlo, sólo nos quedamos jaloneando la relación puesto que lo que estamos descartando es la posibilidad de escuchar(nos), de reconocernos falibles como todo ser humano, insistiendo así con quedarnos en un lugar que nos cuesta girones de piel...

Otro tema, más complicado es la forma en que elegimos una pareja; elección de la cual cada uno es responsable, así sea esta una conveniente para el desarrollo de una relación o sólo adecuada a la repetición que venimos cargando a cuestas y que es inconsciente, pues sólo podemos dar cuenta de esta a través de percatarnos de que hay algo que va mal y que se repite una y otra vez.
Las posibilidades y combinatorias que nos pueden conducir a un camino donde terminamos por dolernos de la elección que hacemos de pareja son múltiples y acorde a la individualidad de cada sujeto; sin embargo, el resultado es el mismo: no somos felices.

Si la elección de pareja que hacemos, obedece a una serie de elementos que, inconscientemente siguen actuando, es pertinente subrayar la importancia de conocerlos para lograr evitar la repetición que nos atrapa y permitirnos elegir a otro, a otro conveniente para uno. Estos elementos se les puede ubicar desde las edades más tempranas, la espesa maraña que se conforma de recuerdos, identificaciones, afectos, síntomas, frustraciones que nos van moldeando y que, pese a que hayan sucedido atrás en el tiempo, se reactualizan en la repetición. Puesto que los seres humanos buscamos las respuestas a esas añejas demandas, en las acciones, donde lo hecho, hecho queda.

Así, cuando hacemos pareja, podemos situar a ese compañero(a) en el centro de esta marejada pulsional que habita el inconsciente de cada uno, donde parte de nuestro síntoma lo engarzamos vía la transferencia de afectos (puesto que no es el destinatario original), a la pareja que hacemos el depositario actual para que se haga cargo de esa demanda afectiva.

De esta forma, podemos encontrar a parejas que, por citar varios ejemplos, se enfrascan en riñas por celos, chantajes, desconfianza, excesos, reproches, hastío y, en donde en cada discusión la escalan al grado de que los dos grita, pero ninguno escucha...

¿Cómo escucharse si desde la demanda todo intento parecería tornarse sólo un balbuceo? Es en un análisis, donde se buscará darle voz, palabras y sentido a la demanda afectiva y acorde al ritmo que sea necesario para cada uno, para que sea capaz de reconocerla y reconocerse en ella; lo crucial, es no perder de vista el tiempo que cada sujeto requerirá para permitirse leer las cosas desde otro ángulo.

La búsqueda para un hombre y para una mujer es radicalmente distinta y, bien pareciera que muchos hacen una apuesta por una hipótesis de completud en el otro ("teniéndolo(a), no necesito nada más"), pero esto sólo les entramparía con un giro más a su goce (que no es sinónimo de placer), es decir que sólo harían más enmarañada la balumba de afectos que, con esos recursos, herramientas y formas de emplearlas hasta el momento sólo les depararía una cosa: seguir sufriendo y quedarse en el mismo lugar que tan costoso afectivamente hablando resulta.

El Psicoanálisis exige así, el mantener presente la recomendación de Lacan, que el mismo Freud subrayó sobre que, cada caso debe ser estudiado desde su individualidad, única e irrepetible; además, agregando que ese acercamiento debería ser como si ignorásemos todo de la teoría para lograr estar atentos al discurso lanzando sesión a sesión.

Las crisis que una pareja atraviesa no sólo los hacen sentirse distantes uno con otro, sino que el verdadero reto de cada una será el poder reconocerse que en verdad son dos distintos y, desde ahí, en un análisis comprender la relación no sólo que establecen con ese otro que eligieron, sino también permitirse conocer y comprender en su relación inconsciente con su propio goce.

Todos estos elementos, mezclados y reactualizados en la repetición y la transferencia, vuelven a poner el dedo en la yaga, que insiste en lo que Lacan puntualizó sobre el amor: “Amar es dar lo que no se tiene a quien no es”.
Pese a que se nos quedan en el tintero un par de temas, que bien valdría que tuviera su espacio propio, eso tendrá que ser en otra entrega...

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